Ya hemos hablado en Espaciolibros de los subgéneros literarios en la historia de la literatura. Ahora profundizaremos uno de los subgéneros literarios de poesía lírica, que han cultivado algunos de los escritores en lengua española. En concreto, hoy te contamos todo sobre la Égloga | Qué es, tipos, ejemplos y autores
Este subgénero literario está caracterizada por estar dialogada como una pequeña obra de teatro de un solo acto. No obstante, ampliamos información en el artículo, empezando por contarte qué es una égloga
Índice del artículo
- 1 Qué es una Égloga
- 2 Por qué se hicieron famosas las églogas
- 3 Características de las églogas
- 4 Temática de las églogas
- 4.1 Pastores y campesinos
- 4.2 Amor
- 4.3 Naturaleza paradisíaca
- 4.4 Música
- 5 Églogas famosas
- 6 Autores de Églogas
- 6.1 Lope de Vega
- 6.2 Juan Boscán
- 6.3 Garcilaso de la Vega
- 6.4 Juan del Encina
- 6.5 Lucas Fernández
- 6.6 Hernando de Acuña
- 6.7 Francisco de la Torre
- 6.8 Pedro Soto de Rojas
- 6.9 Bernardo de Balbuena
- 6.10 Juan Meléndez Valdés
- 7 Ejemplos de Églogas
- 7.1 Garcilaso de la Vega – El dulce lamentar de dos pastores
- 7.2 Virgilio – Bucólicas
- 7.3 Juan del Encina – Égloga de Cristino y Febea
- 7.4 Lope de Vega – La égloga a Claudio
Qué es una Égloga
Es lo primero que debemos saber: qué es una égloga.La égloga es un subgénero de la literatura que toma la forma de un poema lírico clásico, muchas veces plasmado como un monólogo o de un diálogo. Cuando tiene la forma de un diálogo se asemeja a una obra de teatro en un solo acto, algo semejante a un monólogo.
Para que lo entendamos mejor, supongamos que estás en un teatro y te pones a ver una obra de cualquier categoría. Esa obra suele durar más de una hora y hay cambio de vestuarios, de escenarios, de personajes. Están continuamente cambiando de actos. La égloga, ocurre sólo en un acto. No es que todo se junte en un mismo acto, sino que las historias que se cuentan, son cortas y sólo hace falta un acto, porque no necesita cambios de ningún tipo.
La égloga es como una obra de teatro, donde el tema, la conversación y los personajes, que suelen ser dos o tres, mantienen una conversación y crean una historia, a través de ese diálogo. Tiene un principio, un nudo y un desenlace, pero se mantiene todo dentro del mismo acto.
En la misma pieza o acto y gracias a la música que es la que tiene gran protagonismo porque es la que va marcando las pautas y los tiempos de cada diálogo, se llega a recrear historias sencillas que se tornan dramáticas, estremecedoras y hasta divertidas.
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Por qué se hicieron famosas las églogas
En tal caso, por qué se hicieron famosas las églogas. Lo cierto es que tienen una larga trayectoria, que parte desde el siglo IV a.C.Pero por supuesto, las églogas que en esa época se representaban, no tiene nada que ver con las que conocemos ahora, ya que con el paso de los años y según las historias que han estado sucediendo, se han tenido que ir modificando y actualizando.
Ya en la época del Imperio Romano, incluso durante el Renacimiento, se sabía que las églogas ya se representaban de manera asidua, ya que esas composiciones poéticas, eran bastante populares.
En el Imperio Romano conoció las bucólicas, pero con otro nombre, Idilios, y llegó a sus tierras en el siglo I a.C., de la mano de Teócrito, un amante del poema y la cultura, cuyos poemas, siempre tuvieron carácter pastoril. En el año 275 a.C., conoció a Calímaco y a Apolonio de Rodas, que amaban lo pequeño y lo novedoso y, partiendo de allí, aparecieron las primeras églogas oficiales y que actualmente conocemos. Podría decirse, que Teócrito fue el creador del género.
Partiendo de este amante de los cantos pastoriles, apareció Virgilio, que siempre admiró con profundidad a poetas alejandrinos como Teócrito. Debido a eso, comenzó a crear églogas cuya inspiración principal, era el mismo Teócrito.
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Características de las églogas
Las características de las églogas hacen que éstas sean más que reconocibles, además de por estas características, por su métrica:
- Tienen un total de 30 estrofas
- Cada estrofa se llama Estancia
- Cada estrofa tiene 14 versos de 11 y 7 sílabas
- Rima consonante
- Su esquema métrico es: ABCABCcddEEFeF
- Su temática principal es el amor y está contado desde el diálogo de dos pastores
- Son muy similares a piezas de teatro breves
- El campo es un elemento protagonista
- La música también tiene un peso específico en la trama
Obviamente, estas características estaban abiertas a cambios, modificaciones e innovaciones que fueron llegando con el paso del tiempo.
Temática de las églogas
Las temáticas de las églogas tienen un elemento en común: su origen pastoril y el amor. En ellas, un par de campesinos o pastores conversaban tranquilamente, pero la diferencia entre ellas, aparece cuando los detalles, comienzan a destacar.
Pastores y campesinos
Dependiendo de la égloga que se vaya a representar, se encargan de colocar a campesinos o pastores. ¿Por qué suelen ser este tipo de personajes? Porque trata de meter al ser humano medio, humilde, que trabaja y tiene acceso a más emociones por la satisfacción o por la resignación.
Además, uno de los nombres por los que se les conoce a las églogas, como ya sabemos, es bucólicas, que significa canto de pastores
Amor
El amor suele ser el tema principal, ya que de allí parten los mejores sentimientos, y también los peores. Por eso, acaban rondando esta emoción, porque tiene mucho juego y porque partiendo de este sentimiento, puede evolucionar a otras emociones.
Naturaleza paradisíaca
Siempre suelen ponerse a los personajes dentro de un escenario que representa las maravillas de la naturaleza. Para muchos autores, este escenario era el mejor porque representaba la belleza en sí, un ejemplo de perfección. Además, varios autores, haciendo un guiño a sus tierras, empleaban como fondo paisajes relacionados a su tierra natal, para poder representar estas bucólicas.
Música
Aunque los personajes, el escenario y el tema principal sean muy importantes, como anteriormente comentamos, la música es la que va marcando el compás de la escenificación. Con la música, el público sabe cuando hay un momento más sobrecogedor que otro, un momento dramático, alegría, tristeza… todos los autores admiten que la música es la que da el ritmo a las églogas.
Églogas famosas
Las églogas famosas ya aparecen en tiempos de los griegos. Muchos autores dan el mérito de ser las primeras a las escritas por Teócrito, los Idilios, por supuesto, pero ya sabemos que Teócrito le dio el nombre al género. Luego le siguieron autores como Mosco y Bión de Esmirna, creando églogas y partiendo de lo que se conocía en esa época.
Y gracias a Virgilio, fue cuando pegó el escopetazo de salida, para que las églogas estén tan presentes ahora, aunque ahora los llamamos monólogos y, a veces, tienen otro significado.
Hubo otros autores romanos que escribieron églogas de fama y fueron Nemesiano, Calpurnio Sículo y Ausonio. Ya en el Renacimiento, el italiano Giovanni Boccaccio y Jacopo Sannazaro con su Arcadia, las églogas retratan a personajes reales y empiezan a mezclar la lírica con la prosa. Así comienzan a aparecer novelas pastoriles, que ya sólo mantienen la temática de las églogas originales.
Autores de Églogas
También, tenemos autores de églogas castellanos que, son conocidos por sus obras y que pertenecen sobre todo, al Siglo de Oro español.
Lope de Vega
Importante dramaturgo por la extensión de su obra y llamado Fénix de los Ingenios, creó églogas dentro de su repertorio, entre novelas y obras de teatro, revolucionando así las fórmulas del teatro español. Sus obras destacaron por tener un estilo sobrecargado, pero destacó por su famoso “La Arcadia” y “El verdadero amante”, que lo escribió, con tan sólo 13 años.
Juan Boscán
Poeta español, de origen catalán, cuya casa siempre había sido punto de referencia para mantener una tertulia literaria. Partiendo de él, aparecieron hermosas églogas de tema pastoril, que hizo que se ganara la amistad de muchos de sus compañeros poetas.
Introdujo los conceptos de “endecasílabo”, “soneto”, “canción en estancias”… por lo que fue un poco innovador, cuando baja al resto de España.
Garcilaso de la Vega
Este famoso escritor y poeta, creo églogas de renombre como “El dulce lamentar de dos pastores”, done habla con dulzura y pasión la triste muerte de Divina Elisa. O la extensa égloga llamada “en medio del invierno está la templada”, donde de manera divertida, le pone un acento andaluz a los personajes.
Juan del Encina
Creando hasta 8 dramáticas églogas, antes del siglo XVI, fue poeta, músico y autor teatral del prerrenacimiento español, durante la época de los Reyes Católicos.
Creó “Égloga de Plácida y Vitoriano”, una de las creaciones más complejas, ya que tenía mucha intriga y el escenario era una combinación entre ciudad y campo, corte y campesinos. Le gustaba meter otros personajes, de tipo mitológico y unos cuantos personajes más, para hacer esta égloga de lo más compleja, pero interesante.
Como veis las églogas no sólo son un subgénero, sino que es un mundo aparte que hay que explorar, porque tiene un origen muy distante, rozando el Imperio Romano, pasando por el Renacimiento y llegando a la actualidad. Se recordarán siempre sus obras y prepararán el terreno para los próximos autores que se atrevan a cruzar este subgénero, que una vez estuvieron en la mano de grandes autores.
Lucas Fernández
Sus Farsas y Églogas al modo pastoril, editadas a principios del siglo XVI son historia de la literatura, ya que una de ellas, el Diálogo para cantar, se considera como el preludio de lo que más adelante sería la zarzuela. Casi nada. En el resto de su obra, Lucas Fernández destaca por tener siempre muy presente el amor.
Sus personajes, repetidos en muchas de sus églogas, combinancomedia, drama o sainetes navideños con el tema romántico siempre presente. Con el paso de los años, el autor fue perfeccionando su forma de definir a los personajes, sobre todo a sus pastores, mucho más vulgares y ramplones que los de Juan del Encina, su némesis literario en la época.
Hernando de Acuña
Combo curioso el que presentaba Hernando de Acuña en sus credenciales: poeta y soldado. Y aunque pasó a la historia como lo primero, no desdeñemos su labor en lo segundo. Y es que llegó a combatir con Carlos V en Alemania, Flandes e Italia y con Felipe II en San Quintín. Y siguió con vida, o sea que mal no se le daba.Pero claro, se le daba mejor la pluma.
En concreto, la que le permitió ser uno de los referentes de la primera generación de petrarquistas. Su obra cuenta, además de con églogas, con sonetos, fábulas, epístolas o canciones. Dedicó algunas de sus obras a gente como Carlos V o a Garcilaso de la Vega, con quien le unía una sincera amistad.
Francisco de la Torre
Todo un misterio del siglo XVI, Francisco de la Torre es uno de los autores más conocidos en lo literario, pero menos conocido en lo personal. Y eso que el mismo Quevedo indagó en su época para saber más de él. No hubo manera.
Ahora, sabemos que el petrarquismo marcó gran parte de sus obras, así como lo hizo la ciudad de Toledo, donde también compartió amistad con Garcilaso de la Vega. De hecho, sus ocho églogas se recogen en una obra mayor llamada Bucólica del Tajo. La noche y la soledad de quien añora a su amada, marcaron la temática de su obra. Una obra marcada por una eterna melancolía heredada de su amigo toledano, pero llevada al extremo en la mayoría de los casos.
Pedro Soto de Rojas
Pasó su vida a caballo entre su Granada natal, donde moró, y su Madrid de adopción, donde estudió y trabajó un tiempo. No obstante, fue en la localidad andaluza donde terminó como canónigo de la Iglesia de San Salvador, a principios del siglo XVII, tras estudiar Teología.
Antes de eso, había entablado amistado con Lope de Vega y Luis de Góngora, posicionándose en el lado del segundo, en la batalla encarnizada que mantuvieron los dos autores. De hecho, no disimula la influencia del propio Góngora en su obra, como se apreció en su Desengaño de amor en rimas y, sobre todo, en Los rayos de Faetón y en Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos con los fragmentos de Adonis.
Bernardo de Balbuena
Nacido en Valdepeñas, en plena Castilla-La Mancha profunda, Bernardo de Balbuena se fue muy joven a México, donde se ordenó sacerdote. Ya como tal, vuelve a España a principios del siglo XVII, en busca de un cargo de relevancia en la curia patria. Mientras llegaba y no llegaba, publicó Siglo de oro en las selvas de Erífile, novela pastoril con cierto regusto a Lope de Vega.
Finalmente, no encontró nada que le interesara en la Iglesia madrileña y aceptó un cargo de abad en una ciudad de Jamaica. Allí escribió su obra más famosa: El Bernardo o Victoria de Roncesvalles.
Juan Meléndez Valdés
Su idea era ser abogado pero todo cambió con la muerte de su madre, cuando tan sólo tenía siete años. En ese momento decidió que expresaría sus sentimientos reprimidos y autodestructivos en sus poemas. De hecho, sus obras son lastimeras y tristes como pocas. Si estás de bajona, mejor evitarle
La muerte de su padre, 13 años después que la de su madre, sumada a su mudanza a Montpellier, hicieron de Juan Meléndez Valdés uno de los escritores más depresivos del siglo XVII. Las Bodas de Camacho El Rico o Las enamoradas anacreónticas son dos obras complicadas de leer seguidas y sin que se haga un nudo en la garganta.
Ejemplos de Églogas
Para terminar, nada mejor que mostrar varios ejemplos de églogas para ver la realidad de lo que hemos comentado. Comenzamos con un clásico de Garcilaso de la Vega.
Garcilaso de la Vega – El dulce lamentar de dos pastores
Salicio
“¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo…“
Nemoroso
«Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado, de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría”.
Virgilio – Bucólicas
Melibeo:
«Títiro, tú, recostado al amparo de un haya frondosa,
ensayas en tu delgado caramillo silvestres melodías;
nosotros dejamos los confines de la tierra natal y las queridas campiñas;
y nos exiliamos de nuestra tierra; tú, Títiro, a la sombra, despreocupado,
enseñas a la bella Amarilis a hacer resonar el monte»
Títiro:
«Oh Melibeo, un dios nos ha creado estos ocios,
porque él será siempre para mí un dios;
un tierno cordero de nuestros apriscos ensangrentará siempre su altar.
Como ves, él ha permitido pacer tranquilas a mis vacas
y a mí mismo tocar lo que quiera en una rústica caña».
Juan del Encina – Égloga de Cristino y Febea
Cristino:
«En buena hora estés, Justino»
Justino:
«¡O Cristino!
Tú vengas tanbién en tal,
amigo mío leal.
¿Fasta dó llevas camino?»
Cristino:
«Fasta aquí vengo no más»
Justino:
«¿Y no vas
adelante más de aquí?»
Cristino:
«Que no vengo sino a ti
ver qué consejo me das»
Justino:
«Debes de buscar consejo
de hombre viejo»
Cristino:
«Soncas, por el tuyo ve»
[…]
Febea:
«¡O Cupido muy amado,
deseado
de los hombres y mujeres!
Manda tú lo que quisieres,
no saldré de tu mandado”
Lope de Vega – La égloga a Claudio
“Así, después de tantas dilaciones
con modestia pacífica sufridas,
forzadas e impelidas
de tantas sinrazones,
salen entre soberbias humildades
de la mina del alma las verdades.
[…]
Voy por la senda del morir más clara
y de toda esperanza me retiro;
que solo atiendo y miro
adonde todo para;
pues nunca he visto que después viviese
quien no miró primero que muriese”
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